Se ha dicho sobre el libro


(…) Terminé el libro. Lo leí en dos noches y terminé las últimas páginas y el epílogo recién. Ya no dormí las dos últimas noches y me preparo a más de lo mismo en las próximas horas. Situaciones, recuerdos, historias, discusiones...
En fin:

“...Le pediste al amigo que fuera a comprar un ramo de flores y una botella de vino. Tu te quedaste en el mausoleo. Conseguiste una escoba y te pusiste a barrer. Estuviste un buen tiempo, así, barriendo la tumba de Mario.
El amigo había vuelto con las flores y el vino, cuando a lo lejos divisaron la silueta de una mujer. Se detuvo. Era evidente que los había visto y apuró el paso. La mujer tendría más de ochenta años. Alta , erguida, ancha y fuerte, los encaró.
  -¡Y ustedes quienes son!
  -Doña Clarisa -dijiste. ¿No me reconoce? Soy...
  Luego presentaste al amigo.
  Clarisa Jeldres reconoció, escuchó el motivo invocado y con expresión de asombro, les preguntó:
  -Y ustedes...¿todavía se acuerdan de mi hijo?
  -Todos los días de la vida...doña Clarisa.
  (Estas fueron tus palabras. Y se las repetiste).
  -Todos los días de la vida.

                   Del libro "Todos los días de la vida", de Enérico García Concha


...Me contaron que en Ohio a comienzos de siglo
vivía una mujer. Vivía en Bidwell hundida en la miseria.
Se llamaba Marie McCoy y era la viuda
de Mike McCoy, guarda tren.
Cada noche, desde los trenes rugientes
de la Wheeling Railroad Company
los maquinistas tiraban pedazos de carbón
sobre la tapia del huerto de Marie McCoy
gritando con voz ronca "para Mike!"
.....................................................
Esta canción está dedicada a los compañeros
del guarda tren McCoy, muerto por tener
los pulmones demasiado débiles
para los trenes carboneros de Ohio.

Muerto pero no olvidado
Muerto pero no olvidado


                         De “Carbón para Mike”, de Bertolt Brecht (fragmento)   


Miguel  Praino
París, febrero 2011


A mi entender, este libro es una de las mejores publicaciones sobre el MIR, porque hace una magnífica síntesis entre la participación del protagonista y el hecho histórico; por la certeza de la información expuesta; y por una cierta ingenuidad política que no toma en consideración a quien puede favorecer la versión relatada. El libro de Enérico García es, sin duda, un valioso testimonio de nuestra historia reciente.

Cristian Pérez
Fragmento de la crítica “El testigo silencioso”,
Qué Pasa, 31/12/2010

Hemos leído el libro de Enérico (Chicho) García y creemos que corresponde un breve comentario.

Se trata de un testimonio franco, directo y sin concesiones. A lo largo de sus páginas transcurren imágenes, momentos, retazos de lo que fue la experiencia mirista, los inicios, el apogeo y la caída, deteniéndose también en la vida cotidiana, dos caras de una misma moneda. Se podrá concordar o discrepar de las opiniones del autor, pero su honestidad queda fuera de toda duda.

Se trata de un libro que deberán conocer las generaciones jóvenes y las futuras, no sólo con la finalidad de saber y acercarse a la vida de mujeres y hombres que con su entusiasmo, inteligencia, obstinación y consecuencia pretendieron incidir de manera decisiva en el curso de los acontecimientos históricos buscando la construcción de una sociedad mejor, sino también para aprender de los errores cometidos y no repetirlos en el futuro que, tarde o temprano, deparará nuevas luchas decisivas.

No se trata de un libro de teoría política, pero contiene una línea de pensamiento representativa del mirismo, su sentido ético, estratégico y su conducta en coyunturas. No es un libro de historiografía social y, sin embargo, retrata algunos aspectos de nuestra historia en el Chile de los años 60, 70 y 80. No es un libro de ficción, pero se lee con ansiedad y, por momentos, es imposible abandonarlo.

Chicho entrega un libro que relata sus experiencias personales, mostrándose a sí mismo y a nuestros compañeros como lo que somos, seres de carne y hueso, con dudas y con certezas, capaces de alcanzar las más altas cumbres o caer en los peores abismos.
   
Creemos, en nuestra modesta opinión, que es un libro que merece ser leído y recomendado con insistencia.

Con un abrazo fraternal.

Patricia y Renard
Noviembre 2010



Acabo de terminar de leer el libro. Lo devoré en menos de un día... Es de los textos más interesantes y provechosos que he leído últimamente. Me hizo considerar algunas opiniones y confirmar otras tantas con respecto a los hechos que narra. Comparto comprensiones e incomprensiones. Pero como sea, agradezco que haya sido escrito. Será un libro importante para muchos. Responde interrogantes varias y también, para mí al menos, traía más de una novedad. El final es magnífico. Digo por final, ambos finales. Las últimas líneas y el epílogo.
 Valeria
Noviembre 2010


Sobre nuestra historia reciente se ha publicado bastante. A lo mejor no tanto como uno quisiera pero entre testimonios, informes, estudios se ha ido generando una importante biblioteca. Sin embargo, todavía son pocos los libros que articulan las diferentes etapas de nuestro pasado. Y eso es lo que hace este libro. Leyéndolo se puede por ejemplo descubrir o redescubrir la faceta alegre que tuvo la militancia de izquierda en nuestro país, alegre y hasta desfachatada. El lector incluso se puede poner contento en algunas de sus páginas donde personas que han muerto protagonizan situaciones varias, se transforman en personajes como en un libro cualquiera y vuelven a la vida. A la luz de ese pequeño y momentáneo milagro, todo lo que viene resulta tanto más grave. Es un poco como si estuviéramos ante una foto antigua. Una de esas fotos que de tan antiguas se puede llegar a pensar que las personas de antes eran en blanco y negro o amarillentas y pálidas. Y lo que vuelve en estos relatos es precisamente el color. La medida de las cosas. Su intensidad.
 Claudia
Noviembre 2010


Es un detalle pero lo quiero señalar. He leído autobiografías sobre distintos temas  y es la primera vez que me topo con una en la que el autor no es la figura central de la historia que se cuenta. En Chile, por circunstancias por todos conocidas, existe algo así como una tradición del testigo. Son muchas las personas que han tenido que declarar en distintos ámbitos, la mayoría de las veces para hablar de la situación de una tercera persona. Ahora bien, cuando esa función (necesaria y noble) se relaciona de una u otra manera con la literatura es sumamente difícil evitar la tentación de caer en el exceso de protagonismo. En “Todos los días de la vida”,  la figura importante es siempre el otro. Los otros. Los amigos. Los compañeros. El único caso comparable, o por lo menos el único que hoy recuerdo, es el de Primo Levi en “Si esto es un hombre”.
 Pedro
Octubre 2010